“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas”

Sun Tzu. El arte de la guerra.

El “síndrome del impostor” es un fenómeno emocional cuya traducción psicológica se manifiesta en un terror a decepcionar en sus capacidades profesionales reales, a la exposición pública de sus habilidades y a la crítica externa por comparación.

Es curioso que cuanto más avanzada es una sociedad, más enfermedades emocionales desarrolla. Eso es por la tremenda competitividad que se inculca, incluso en los sistemas de enseñanza. Hace 15 años no se hablaba tanto de este síndrome y probablemente es que no se había desarrollado tanto.

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Cualquier persona puede en un momento de su vida, manifestar estos síntomas, incluso durante la adolescencia, aunque en esa época no sea tan “visible”. A medida que los retos se van presentando, las inseguridades inconscientes van extendiendo sus tentáculos hasta paralizar completamente el enorme talento que poseemos para mostrarnos sin miedo.

Todos los miedos tienen causas inconscientes y pueden ser detonados por una circunstancia donde el individuo se haya sentido en peligro (aunque realmente no lo estuviera) o haya sentido que alguien muy importante de su entorno lo haya estado.

La buena noticia es que los miedos irracionales, con una buena técnica de entrenamiento emocional, se pueden convertir en nuestros mejores aliados.

Tu “impostor interno” es alguien externo, o una circunstancia/creencia externa, que en algún momento te hizo sentir muy pequeñito.

Nadie nace con ese síntoma: se adquiere en el entorno.

  • Puede ser un profesor en el colegio que no creía en ti y que te metió ese veneno con comentarios sarcásticos delante de toda la clase.
  • Puede ser un progenitor, que queriendo que espabilaras, te metió más inseguridad que fortaleza, para vencer su propio miedo a que no pudieras llegar alto.
  • Pueden ser amigos que has idealizado y colocado en un pedestal que no existe, porque nadie es perfecto.
  • Pueden ser relaciones tóxicas de dependencia emocional donde siempre has intentado colmar las exigencias y carencias de otras personas para ganarte su cariño y consideración, sin lograrlo, produciéndote una insatisfacción constante.
  • Puede ser una culpa por no haber podido cargar con una responsabilidad que era demasiado grande en ese momento para ti.
  • Puede ser haber intentado salvar la vida de alguien, pensando que lo podías haber conseguido y haber fracasado. Cuidado, que nadie salva la vida de nadie.
  • Puede ser por tener una percepción deformada de tus propios talentos en la que te castigas continuamente desvalorizándote, porque alguien te desvalorizaba y te has convertido en tu propio verdugo.
  • Puede ser ira contra ti mismo. Puede ser desear tener un motivo constante de enfado que de manera autodestructiva, repercutes sobre ti sin piedad para obtener adrenalina a través de una experiencia sostenida de alta tensión. Masoquismo: placer a través del dolor.
  • Puede ser una adicción al cortisol, ese veneno tan agresivo que solo espera una fisura para apoderarse de nuestro cerebro y nuestras emociones. Es una sensación de estar vivo, muriendo lentamente.
  • Puede ser una llamada de atención, una victimización. Hay maneras muy perversas para hacerse caso a uno mismo, como ponerse enfermo. Es una manera de pensar en tu ombligo.

Pueden ser muchas cosas.

Cada persona tiene sus propias motivaciones y lealtades inconscientes, por eso no se pueden proponer consejos generalizados.

Lo único que hace falta para que sometas a tu “impostor”, es que tengas el coraje de darle una vuelta a todas tus creencias y desear, de todo corazón, transformarte en el Jedi que controla su destino.

Solo necesitas tu humildad y tu coraje.
Yo te puedo ayudar con garantías de éxito. Si no me crees, dedícale un momento a leer las reseñas de mi web.

Te espero.

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“El hombre sabio busca lo que desea en su interior; el no sabio lo busca en los demás”.

Confucio.

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