El rendimiento en el éxito profesional - Coaching empresarial
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El rendimiento en el éxito profesional

 

“Elije un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día”.

Confucio

Una de las preocupaciones básicas que tiene un empresario a nivel laboral es el nivel de rendimiento de sus empleados.  El rendimiento tiene que estar acorde con un salario percibido y un bienestar en las condiciones laborales. Para una empresa, el rendimiento de un trabajador es un factor clave. Va a determinar un coste salarial y también va a repercutir sobre el rendimiento del resto del equipo lo que puede generar un beneficio o una pérdida si este trabajador no rinde y obstaculiza la labor del resto.

“Ten presente que el destino de todos depende de la conducta de cada uno”.

Alejandro Magno

En este artículo, vamos a reflexionar sobre las variables que influyen en el rendimiento de un individuo a nivel laboral y profesional, en la toma de decisiones profesionales y en la consecución de sus objetivos laborales.

1. Cuando la profesión y el trabajo son cosas distintas.

Nuestro trabajo a veces no coincide con nuestra profesión. Existen diferencias entre ambos conceptos.

El trabajo tiene que ver con lo que uno puede hacer, tiene habilidades para ello. Sin embargo, puede no ser absolutamente nada divertido, ni motivante. En este caso, existe una disociación entre lo que se tiene ganas de hacer realmente con nuestros conocimientos y nuestro potencial y lo que se “puede” o “el mercado permite».

Si lo que nos gusta no tiene salida o cabida en el mercado laboral (al menos de manera temporal), trabajamos en lo que “nos sale” casi por obligación, por subsistencia. También puede ocurrir que el trabajo nos venga impuesto, como por ejemplo, la obligación de trabajar en el negocio familiar para echar una mano o por imposición familiar.

La profesión es lo que una persona estudia o a lo que dedica su tiempo para formarse en una técnica o especialidad y que se ha elegido por vocación para dedicarnos a esa profesión concreta. Profesional es un sinónimo de competente. Cuando una persona dice: “soy un profesional”, lo que quiere decir es que “en mi trabajo, soy excelente, lo hago muy bien”.

Los seres humanos nos hacemos competentes cuando nos gusta lo que hacemos.  Si nuestro trabajo tiene que ver con lo que nos sentimos identificados, entonces nos resultará más fácil estar mejor pagados porque ofreceremos un producto de calidad.

Si escogemos estudiar o dedicarnos a una profesión por obligación del entorno familiar (o social), puede ocurrir que profesión y trabajo sean lo mismo, un deber impuesto. Aquí tenemos un techo de cristal. A menos que nuestra motivación aparezca de forma espontánea, nuestro talento y potencial para dedicarnos a otra cosa se verán limitados, desperdiciados, ignorados y en nuestro interior se irá alimentando una frustración que puede desembocar en estrés, descontento, malestar que se extenderán al resto de las áreas de nuestra vida. La sensación de estar perdiendo nuestro tiempo por aburrimiento, por rabia, por desidia, no permitirán alcanzar un rendimiento completo. Habremos llegado a nuestro máximo nivel de ineficiencia.

“Si tu no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para que trabajes para los suyos”.

Steve Jobs

2. Cuando profesión y trabajo son la misma cosa

Cuando una persona decide no acabar sus estudios para comenzar algo nuevo totalmente distinto, o cuando se decide cambiar de ámbito laboral, a pesar de estar ganando un buen salario, las personas están recuperando toda su excelencia creadora.

Generalmente el entorno no cuida estas decisiones, ya que el manejo de la incertidumbre, el qué pasará, de qué vas a vivir, termina esto y luego ya veremos… son las losas del camino. La falta de permiso social bloquea la iniciativa personal y por tanto, el emprendimiento.

No se suele apreciar ni valorar adecuadamente el liderazgo, el nacimiento de una estrella que tiene mucho que iluminar en el firmamento laboral. Incluso si se fracasa estrepitosamente en un cambio de rumbo, se ha favorecido un aprendizaje que servirá para la etapa siguiente.

El fracaso real es permanecer en una situación de insatisfacción que a la larga, pasará factura. El estrés siempre tiene consecuencias. Las tendrá para el trabajador, y para el empresario. El dicho de “mas vale malo conocido, que bueno por conocer” es enemigo del talento.

Cuando la profesión y el trabajo son la misma cosa, el talento se desarrolla sin esfuerzo, porque hay motivación.

3. La motivación

La motivación es un factor indiscutible a la hora de conseguir el éxito. ¿De dónde nace la motivación?

  • La motivación nace de la necesidad. Alcanzar una meta profesional.
  • La motivación nace de la carencia. Las necesidades nacen todas de las carencias, bien sean afectivas, materiales, de salud, emocionales. La intención de paliar nuestras carencias genera nuestra motivación. Carencia y necesidad no son siempre lo mismo. Puedo tener carencia o escasez de algo, pero no necesitarlo. Puedo tener escasez de amigos, pero no necesitarlos.
  • La motivación nace de la identificación con los modelos familiares, las lealtades al sistema familiar, para parecerse a un miembro relevante de la familia y obtener la aprobación del grupo familiar, una alta consideración y es también una manera de mantenerse aún más unido al clan y convertirse en futura referencia. Esto opera con especial relevancia en empresas familiares, en familias donde operan altas lealtades por detentar un gran prestigio social o en familias donde la persona a la que se quiere modelizar ha tenido un destino difícil o trágico.
  • La motivación nace de un modelo de éxito. El individuo interpreta que una persona que ejerce una determinada profesión vive bien de ella. Entonces se identifica ejercer esa profesión con “tener una buena vida”.
  • La motivación nace del talento. Cuando el individuo descubre habilidades que le permiten desarrollar más creatividad en el desempeño de una función y genera automáticamente un deseo de ir más allá en la exploración de sus habilidades

4. El  talento

El talento puede ser un don natural adquirido por el ser humano, que solo necesita ser expresado o visto para ser reconocido, sin que la persona tenga que hacer ningún esfuerzo para obtener este reconocimiento. Pero el talento también se puede forjar por varias circunstancias:

  • El talento desde la carencia y necesidad: el ser humano se ha perfeccionado a base de suplir y colmar sus carencias para sobrevivir. Ejercitarse repetidamente en una tarea se termina convirtiendo en un talento natural, incluso en un arte.
  • El talento desde la identificación con modelos familiares: si existe un modelo familiar muy referenciado, la auto exigencia de igualar su prestigio nos obligará a realizar nuestro máximo esfuerzo de manera continuada para llegar a su altura.
  • El talento desde la motivación: la necesidad, la carencia, la lealtad, la identificación a un modelo de éxito, son las variables con las que se llega a la profesión (=la formación profesional con la que me siento identificado).

La motivación es la fuerza con que cada una de estas variables interactúa con las otras, y de la cual se va desprendiendo y alimentando el talento.

“El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento”.

Victor Pauchet

5. Conclusión

Cuando hablamos de la caída de la productividad, uno de los sectores donde yo recomiendo investigar en una empresa (entre otros que también juegan un papel muy determinante) es en el talento de los trabajadores para comprobar que se corresponde con el puesto que ocupan. Una redistribución de personas enfocada a la maximización de sus talentos y motivaciones dentro de unos puestos ya creados, puede dar considerables sorpresas.

De una manera muy precoz, se puede contribuir al descubrimiento de los talentos personales observando nuestros hobbies, los de nuestros hijos y enfocarlos hacia actividades donde se puedan experimentar y aplicar las habilidades motrices, intelectuales y emocionales que operan en nuestros pasatiempos.

Debemos de perder el miedo a elegir las opciones seguras, aparentemente, para tener un buen futuro profesional y un colchón económico. La seguridad es solo aparente porque no se puede mantener en el tiempo un esfuerzo donde nuestra creatividad queda cautiva, sin pagar las consecuencias (falta de rendimiento, cansancio, pérdida de productividad, estrés, depresión, falta de sueño) que indefectiblemente repercutirá en el equipo donde estemos integrados y en el beneficio de la empresa que nos ha contratado.

En este sentido quiero señalar que es muy importante que a nivel individual nos hagamos responsables de nuestra relación real entre nuestro emprendimiento, lo que hemos conseguido a nivel laboral y la responsabilidad que le achacamos al entorno de nuestra falta de éxito.

Está muy en boga responsabilizar únicamente al empresario de no poner los suficientes medios para mejorar la calidad de vida de sus empleados, sin embargo, la relación es BIDIRECCIONAL y en caso de estar en una situación de descontento, el trabajador siempre tiene la opción de escoger marcharse y emprender otro camino. Otra cosa es que su miedo personal le someta a quedarse en una situación que no le gusta, haciendo bueno el dicho “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” y esta estrategia, lo repito de nuevo, es enemigo del talento.

Igualmente, premiar la innovación, en el sentido de animar a todas aquellas personas que están buscando otra ocupación para mejorar a nivel emocional es esencial.  Por ejemplo, no desesperarnos si nuestros hijos no se terminan de decidir por una carrera o un trabajo, o no temer iniciar una nueva vida a cualquier edad y dejar atrás todo lo que aparentemente estaba consolidado.

Sólo hay un camino para tener éxito en el mundo laboral. Ser conscientes de nuestra vocación, no tener miedo a creer en nosotros mismos, no tener miedo de asumir las responsabilidades de nuestras decisiones, ni temer el tiempo que vamos a tardar en obtener resultados.

Si somos capaces de liderar nuestras emociones, llegaremos al equilibrio donde:  vocación = talento = profesión = trabajo

 

“La única manera de hacer un trabajo genial es amar lo que haces”.

Steve Jobs

 

 

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