“El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra”
Maquiavelo
Poner límites, según el teólogo, filósofo e internacionalmente reconocido terapeuta, Bert Hellinger, es un acto de amor y madurez necesario para que las relaciones fluyan y que cada individuo ocupe su lugar de una manera sana y equilibrada. Estos límites deben seguir unas leyes que los ordenan para que todos los individuos puedan beneficiarse de ponerlos.
A todos nos cuesta poner límites, y todos tenemos problemas para para los pies a personas que nos están “pisando el callo” o evitar situaciones que nos disgustan.

Nos cuesta muchísimo decir que “NO”, mucho más que decir “SI”. Preferimos sentirnos mal aguantando algo que nos disgusta, antes que sentirnos mal por poner un límite, por miedo a tener una represalia, a caer mal, a hacer daño a otra persona o simplemente, a pasar vergüenza o incomodidad. También tenemos miedo a que el entorno nos juzgue o nos llame la atención, o que considere que somos malas personas.
En definitiva, nos cuesta mantener nuestro liderazgo: el no saber poner un límite demuestra que tenemos una clara falta de autoestima y de seguridad personal.
Cuando una persona tiene perfectamente claro física, mental y espiritualmente, que no está dispuesta a poner en peligro ni su dignidad personal, ni sus valores, ni su integridad como ser humano, entonces esa persona va a estar plenamente capacitada para poner límites claros y contundentes frente a terceros y en cualquier situación.

Hay muchas personas que reconocen muy honestamente su dificultad para parar situaciones incómodas. Con ellas es muy productivo comenzar un entrenamiento emocional, porque si están dispuestas a desbloquear emociones de miedo, logran con bastante soltura alcanzar mucha consistencia y coherencia emocional y a poner límites claros en las áreas más espinosas de sus vidas.
El problema lo tienen aquéllas que están convencidas de que tienen las cosas muy claras y que defienden sus intereses adecuadamente, y que sin embargo, sufren sin querer reconocerlo, porque al hacerlo, sienten vergüenza y vulnerabilidad. “Más vale morir, que perder la vida”.
Muchas personas cuentan con mucha convicción como ha tenido una bronca con tal o cual persona para dejar las cosas claras, están sumamente convencidas de lo bien que lo han hecho, y sin embargo vuelven a contar la misma batalla una y otra vez, repitiendo este discurso sin cesar durante interminables conversaciones sin que sus límites hayan sido respetados… ¿Te suena?
Escucho a mucha gente quejarse de situaciones abusivas en sus entornos y trabajos y que, sin embargo, son incapaces de tomar ninguna acción efectiva para frenar esta situación poniendo límites contundentes, como enfrentarse directamente a las personas que abusan de ellos, o que les ofenden, o de tomar la decisión de irse de una relación tóxica, ya sea personal o laboral.
El único camino para poner límites claros es el de ACTUAR CON CONTUNDENCIA.
Actuar con contundencia significa actuar con una alineación perfecta entre cuerpo, mente y espíritu, formando un escudo inquebrantable para tu integridad.
Si alguna de estas áreas es más débil que la otra, olvídate, estás perdido, por mucha fuerza que tengan las demás. Siempre habrá una falla por la que entre el peligro y desestabilice tu estructura.
La consecuencia directa de poner límites es tener la posibilidad de darte todos los permisos que necesitas para lograr tus metas: permiso para romper con tus creencias más profundas, con tu familia, con estructuras que antes te resultaban estables, PERMISO PARA ROMPER CON TU VIDA CADA VEZ QUE LO NECESITES.
Esto ya son palabras mayores.
Estamos hablando de tener la fuerza necesaria para romper con la insatisfacción, de poner un límite a la falta de motivación y de darse permiso para reinventarse y cambiar de vida, sin temer la incertidumbre del futuro.

Poner límites exige, algunas veces, tener un gran entrenamiento emocional para poder aprender a priorizarse.
Este entrenamiento emocional te permitirá elegirte con mucha más coherencia y libertad, y a recuperar el valor para defender tus intereses sin sobresaltos.
Si necesitas aprender a poner límites en algún área de tu vida, no dudes en ponerte en contacto conmigo.
“No estoy interesado en preservar el statu quo; quiero derrocarlo.”
Maquiavelo
