En las culturas tribales no había discusión: o se superaban ciertos ritos de paso, donde se incluían pruebas físicas de caza, rituales espirituales de limpieza energética y, en algunos casos, incluso se tenían que someter a alguna prueba física de resistencia al dolor.

Sólo si el iniciado superaba estas pruebas, adquiría un rango dentro de la tribu. Y era respetado y admirado por todos los demás miembros.

De hecho, incluso al pasar esta iniciación, se cambiaban los nombres y se rebautizaban con otros que les caracterizaban con una cualidad especial y diferente del resto.

Eso, sin duda alguna, marcaba un liderazgo personal. Un liderazgo ganado a pulso y sin discusión, respetado por toda la tribu.

Si tú le preguntas a un niño “¿qué es un líder?”, te va a contestar que es el que manda. Y muchos adultos también te contestarían lo mismo.

Hoy en día, el concepto de liderazgo está ligado al éxito en los resultados, en el mejor de los casos, o en la designación de un puesto concreto, como por ejemplo, ser CEO de una empresa, ser entrenador de un equipo, ser secretario general de una formación política o ser el representante de una orden religiosa.  Lo que viene a ser un líder en la actualidad es una persona con un título, un puesto y una función de más rango y poder.

Puede que la trayectoria anterior de esa persona haya marcado el merecimiento de ese puesto o título al que generalmente se denomina “líder”, pero lo cierto es que ese liderazgo no viene respaldado por el conjunto de personas a las que va a “liderar”: (viene impuesto.

Puede que esa persona posea ciertos conocimientos y experiencias que le diferencien del resto y puede que hasta incluso sea capaz de tener todas las habilidades humanas, espirituales e incluso físicas, aunque haya sido designado.

Pero puede que no tenga ni el carisma necesario para el grupo, ni su confianza, ni su respeto, porque no demuestre tener la capacidad de afrontar ni las necesidades ni las expectativas de la organización a la que representa.

Este “líder” puede ser una persona muy poco dotada emocionalmente (y esto es imperdonable). Puede no conectar o estar totalmente desconectado del alma del grupo.

Por desgracia, esto es muy frecuente. El liderazgo tribal y el liderazgo actual no se rigen bajo los mismos parámetros, por eso hoy el liderazgo es un tema tan controvertido.

El que manda, para ser líder, tiene que saber mandar y hacerlo  bien.  Tiene que ganarse el respeto y la admiración de su gente. No puede ir de guay por la vida, ni de listo, ni mucho menos de líder.

No tiene que fardar de juntarse con gente poderosa ni de estar en círculos selectos para demostrar que pertenece a la tribu de los elegidos y de los que detentan el poder, lo que vine a ser un “postureo”.

No tiene que presumir de coche, ni de ropa, ni de músculos, ni de tatuajes, ni de ostentar un tren de vida anhelado por todos.

No tiene que exhibir ningún titulito de nada.

No tiene que recrearse en sus hazañas.

No tiene que exigir lealtad ni obediencia.

No puede tratar a los demás como si fueran menos que él o ella.

No puede utilizar el poder de su rango para imponer sus criterios.

No puede infundir miedo al grupo.

No puede ser desleal con su gente.

No puede tener actitudes indecorosas, ni groseras, ni prepotentes o altaneras.

No puede humillar a nadie, ni mucho menos al enemigo.

No puede dejar de infundir valor, ni de proteger a su gente.

No puede dejar de ser humilde.

No puede dejar de estar en profunda conexión con las necesidades de los demás.

No puede querer forzar la aprobación de los demás.

No puede dejar de estar al servicio de la causa.

No puede querer quedarse.

El liderazgo se percibe desde la infancia. Los niños contestan mal a sus padres porque sus padres no tienen la fuerza suficiente para mantenerles a raya.

Se resta autoridad a los educadores en las instituciones educativas.

No se premia el esfuerzo, ni se inculcan valores emocionales y/o espirituales.

El merecimiento está hoy, más que nunca, corrompido y desnaturalizado.

Tenemos sociedades enfermas por estrés, ansiedad y sometida a los antidepresivos. Sin hablar de otras sustancias ilegales que aumentan las sensaciones de poder.

El marketing fabrica los prototipos de éxito social. El marketing fabrica a los líderes.

Se castiga el espíritu crítico y constructivo y se le amenaza con represión.

Falta autoestima.

Falta gente dispuesta a asumir el reto personal de conocerse a sí mismo y de vencer vulnerabilidades internas.

Un comentario

  1. ME PARECEN COMENTARIOS MUY ACERTADOS Y ME GUSTAN LAS HABILIDADES QUE SE EXIGIAN ANTES PARA FORMAR PARTE DE LA TRIBU. RESISTENCIA EMOCIONAL, RESISTENCIA AL DOLOR, HABILIDADES DE CAZA… Y RITUALES ESPIRITUALES DE LIMPIEZA ENERGÉTICA…. YO ME ESTOY FORMANDO EN ALGUNA DE ESTAS HABILIDADES. TODAS REQUIEREN RESILIENCA Y CIERTO ESFUERZO FÍSICO Y MENTAL Y NO SON FÁCILES DE ASUMIR A MI LAS QUE MÁS DIFICILES ME RESULTAN SON LAS PRIMERAS. GRACIAS

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