La fuerza de los finales
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La fuerza de los finales

La fuerza de los finales

Todos sabemos que emprender un proyecto de vida o empresarial requiere mucha fuerza. Nacer requiere de toda nuestra energía para atravesar el canal… y salir al mundo. El “mientras tanto” también requiere invertir esfuerzo. Sin embargo nadie tiene identificados los finales como un reservorio extra de energía. Los finales, las muertes, se asocian generalmente a una falta de esa potencia vital que hace que el proyecto se apague.

En parte es así. Los finales dictan la pérdida de energía en un proyecto o de una relación. Sin embargo de forma paralela se va creando otra, a veces muy consciente, y otras inconsciente. Por ejemplo, cuando estamos hartos de un trabajo y ya no tenemos energía para seguir en él, sin embargo, sí tenemos muchas ganas de hacer otra cosa: irnos de vacaciones, buscar otro proyecto o no hacer nada. Tenemos muchas ganas DE OTRA COSA. La fuerza de no querer seguir en un sitio nos empuja con fuerza hacia otro lado distinto.

El cerebro solo sabe hacer una cosa a la vez, así que si lo enfocamos en las sensaciones de final, de muerte, de pérdida de energía, nos resultará mucho más trabajoso conectarnos con ese otro caudal de fuerza que se ha creado para nosotros.

La fuerza de los finales

Si yo me conecto CON LAS GANAS de empezar otra cosa (incluso descansar y desconectar), nuestra resurrección es inmediata, de hecho, solo una parte de nuestro proyecto o de nosotros mismos ha muerto, la otra ya está empujando fuerte para existir.

En el caso de un proyecto empresarial, si nuestra empresa está llegando a su final y por ejemplo hemos logrado lo que esperábamos, pensar en otra cosa nos resulta fácil porque acumulamos el sabor del éxito que le da otro color al futuro. Estamos optimistas, acumulamos experiencia y buenas sensaciones y estos elementos combinados son un trampolín para desarrollar nuestra creatividad más fácilmente y mirar al siguiente proyecto con confianza y alegría.

Por el contrario, si este final es amargo porque acumula esfuerzos que no se han visto recompensados, traumas financieros e incertidumbres angustiosas, la cosa se complica.

 

“Un momento puede cambiar un día, un día puede cambiar una vida y una vida puede cambiar el mundo”. 

Buda

 

En esos sentimientos de tristeza, rabia, frustración, preocupación y estrés también hay una gran intensidad. Se viven con mucha intensidad, al punto incluso de podernos enfermar. Si pudiéramos canalizar toda esa intensidad en otro objetivo, nos podríamos transformar porque en esa intensidad hay energía (aunque nos parezca negativa).

En el dolor hay transformación y creación. No se pueden evitar estos sentimientos en un primer momento, pero concentrarnos en otro objetivo es también posible, con el tiempo. Se llama superación. Pasamos a otra etapa donde recogemos los pedacitos que han quedado de nosotros. No podemos reconstruir lo que había antes porque eso es imposible, la pieza no quedaría igual. Pero podemos fabricar algo distinto. Con cada experiencia nosotros somos distintos, nuestros proyectos lo tienen que ser forzosamente también. Las cosas se acaban para TRAER MÁS y traer DE OTRA MANERA.

La fuerza de los finales

Jan Jacob describe el proceso del final de una empresa como el final del intercambio que puede existir entre la empresa y la sociedad a la que sirvió. Es decir, cuando la empresa ya no es útil a la sociedad, o se transforma (que es una forma de morir respecto a lo que era antes), o desparece definitivamente. La transformación social de las personas determina la transformación de las empresas. Por ejemplo, hoy en día se toleran cada vez menos las empresas contaminantes. Estas empresas están cada vez peor vistas por los clientes que exigen que las empresas no agredan la naturaleza.

Algunas empresas mueren cuando sus fundadores han desaparecido y los herederos no han tenido la capacidad de dar lo mismo o transformar el producto para ser competitivo.

En el plano personal, el final de un proyecto tiene que ver con lo que interiormente podemos ofrecer a otros.

Las empresas que hemos creado tienen que disolverse porque nosotros mismos somos incapaces de conectar con un proceso de transformación emocional interior por falta de recursos. También puede ocurrir que no nos demos cuenta de que la necesidad o estímulo que impulsaron la creación de nuestra empresa, haya cambiado. No somos conscientes muchas veces de que nuestros procesos inconscientes nos van apartando poco a poco de nuestros proyectos iniciales dando paso a otros diferentes (a esto me refiero con TRAER MÁS).

¿Qué es lo que quise? ¿qué es lo que quiero ahora? ¿Es posible ahora volver a tener lo que quería al principio? Tal vez sí, pero con otras herramientas y otras estrategias. ¿La muerte de un periodo anterior puede significar una reorganización de mis recursos y estrategias para emprender de nuevo? ¿Habrá merecido la pena entonces, haber finalizado una etapa anterior? Por supuesto, siempre y cuando haya pasado un tiempo para poder recolocar las piezas sobre el tablero.

 

“Recordar un mal es como llevar una carga en la mente”. 

Buda

 

Traducido a un lenguaje más técnico, Claes Janssen y Georg Senoner nos proponen un análisis de este proceso con su CASA DEL CAMBIO. Es un modelo circular donde se explica que el cambio se produce cuando se atraviesan las siguientes 4 fases:

  • Satisfacción: donde todo está bien.
  • Resistencia: donde empezamos a darnos cuenta de que no todo está bien pero nos resistimos a movernos.
  • Confusión: donde elaboramos todo tipo de estrategias sin tener un camino de salida claro.
  • Y finalmente, renovación: donde ya hemos logrado encontrar lo que necesitábamos para emprender otra estrategia.

Es, en realidad, un ciclo de vida y muerte donde lo antiguo, las antiguas ideas y valores tienen que transformarse, o dicho de otra manera, morir a lo que eran, para nacer de otra manera aprovechando el impulso de la muerte.

la fuerza de los finales

Cuanto antes salgas de la resistencia, es decir, cuanto antes seas capaz de darte cuenta y reaccionar, más probabilidades vas a tener de ocupar el primer puesto en la situación nueva que tenga que llegar. La rabia que te pueda producir tu indefensión utilízala para buscar alternativas como un perro de caza, por muy disparatadas que te parezcan. Es el momento de poder dedicarse uno mismo el tiempo necesario para pensar.

 

“Lo que no te mata, te hace más fuerte”. 

Refranero Español

 

El proceso de morir emocionalmente es muy intenso y muy renovador. Es necesario para poder evolucionar y se debe de tomar como una experiencia que va a poner a prueba todos nuestros recursos, los que conocemos, y los que no. Nos daremos cuenta muchos de nosotros que podemos dar mucho más de lo que estamos acostumbrados a pensar. Es una oportunidad para muchos de renacer, y para otros de morir definitivamente.

No podemos evitar que personas de nuestro entorno puedan no superar las circunstancias. Esto es debido al entrenamiento emocional previo que han manejado. Como explico en mi artículo “Emociones disfuncionales y su repercusión en el cuerpo”, pensar bien es salud, pero es muchísimo más cómodo pensar mal que bien. De hecho, es lo primero que hacemos, y nos lleva a reafirmar nuestra creencia interna de que llevamos razón porque pensando mal, se enferman el cuerpo y la mente y no llegamos a los mismos objetivos de éxito personal y empresarial.

Mi recomendación para enfrentarse a los finales es dejar sentir la intensidad de la preocupación, tristeza o dolor. Es decir, dejar descargar las emociones primarias, pero sin caer en el victimismo. Si estamos en esas emociones mucho rato entonces pasan a ser secundarias e ineficaces.

La siguiente fase es hacerse las preguntas adecuadas. ¿Qué es lo que en realidad ha terminado? Siempre habrá partes “buenas” que habrán terminado, supuestamente. Si nos enganchamos a ellas no vamos a poder aprovechar la energía que nos queda.

En la práctica, han terminado unos intercambios, unos servicios, unas contraprestaciones (económicas, afectivas), ha terminado en realidad un modo de intercambio DISFUNCIONAL. Tenemos dos opciones, o centrarnos en nuestra vulnerabilidad e impotencia, donde vamos a emplear una gran carga de rabia, o podemos utilizar esta rabia en buscar, con los recursos que disponemos, otra manera de volver a intercambiar.

Esto en las películas de acción es muy visual: dos personas se están pegando una paliza, y cuando el malo tiene acorralado al bueno y está a punto de cargárselo, el bueno saca fuerzas de no se sabe dónde, pega un gruñido o un grito de guerra y se abalanza sobre el malo para vencerle. Y le vence.

Los procesos de muerte son un proceso de intensa reorganización de emociones y estructuras. Lo que ya no está prestando un servicio o un intercambio en equilibrio deja paso a estructuras nuevas y más sanas.

 

“Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio”. 

Montesquieu

 

 

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