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Sin voz

Fecha: 4-6-2013 / 22:00

Llevo mucho tiempo sin escribir. Son tiempos revueltos, con multitud de procesos superponiéndose unos con otros, y a la vida diaria. Frentes emocionales abiertos, viejas heridas que parecían estar resueltas, con la madre, y que he descubierto con dolor que sostiene mi hija pequeña por mí. Ya se sabe: los hijos miran hacia donde miran los padres. El diagnóstico del ojo vago de mi hija, el izquierdo, hizo saltar todas mis alarmas: el lado izquierdo tiene que ver con la madre.

Fuimos a constelarlo su padre y yo, y ahí se abrió para mi la Caja de Pandora. Se me han revuelto las entrañas, los recuerdos, la marea de dolor que ni sospechaba que existía, y menos aún, después de tanto trabajo personal. Una semana después, como por casualidad, mi hija vino con las gafas rotas del cole, precisamente el día en el que tenía revisión con el oculista. Otra casualidad: no nos pudo atender, problemas inexplicables con la póliza del seguro que se resolvieron al día siguiente. Es como si ya no tuviéramos que necesitar más gafas, ni más oculistas…

Otros frentes abiertos: luchas de poder y de egos en la familia por vía materna, enfrentamientos en los que me he visto involucrada de manera especialmente virulenta estos tiempos. Ni el diálogo, ni las tentativas de colaboración, ninguna táctica ha surtido efecto para intentar llegar a un punto medio. Un gasto de energía demasiado grande, para obtener unos resultados demasiado pobres. Algo no he entendido.

Pero la vida da siempre pistas. Desde el sábado, estoy sin voz. Silencio obligado. Se me fue la voz, de la noche a la mañana, y así llevo cuatro días. Me están tapando la boca para que calle de una vez; o mi cuerpo refleja mi ansiedad de no poder expresarme con claridad.

Sea lo que fuere, lo descubriré. De momento, me abrazaré al silencio, y a mi diálogo interior. Tal vez sea lo que necesite para recolocarme.