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A mi madre. In memoriam.

Fecha: 26-12-2013 / 11:03

Hoy, día 26 de diciembre, se cumple el 10º aniversario de tu muerte, querida mamá.


He cambiado mucho durante este tiempo, creo que casi no me reconocerías, pero lo que soy ahora te encantaría, estoy segura. Lo pienso cada día, y cada día te envío un beso cómplice lleno de amor. Tu recuerdo me acompaña siempre, a veces nostálgico, a veces divertido, a veces enfadado, siempre orgulloso y agradecido, de todo lo que me has dado, y también, de lo que no me has dado. Para mí, es suficiente, aunque la niña que llevo dentro, a veces, me juega malas pasadas, y te reclama desconsolada. Entonces, tiernamente, la recojo en mi corazón, la miro y acaricio, y le dejo que se desahogue conmigo.


Estos días, mamá, esta niña anda un poco “tocada”. Las fechas señaladas de duelos, las recuerda el cuerpo con una precisión de reloj suizo. No hace falta ni pensar si quiera en ello, suena la alarma, y se dispara la emoción. Durante este mes de diciembre, físicamente no me he encontrado bien ningún día. De repente, se me han disparado las glucemias sin hacer ningún tipo de cambio de estilo de vida, de forma inexplicable, y me está doliendo todo el cuerpo de forma sorda.


Papá tiene una conjuntivitis en el ojo izquierdo muy severa, desde hace un par de semanas. El ojo izquierdo representa la emoción. Con su socarronería habitual, me preguntó: “¿eso en tu mundo que es, hija?”. Yo le contesté casi automáticamente: “Algo que te duele en el corazón, y que no lo puedes ver. Algo que tiene que ver con un duelo".


Todo encaja mamá, todos te lloramos. Son fechas de trauma emocional, y el cuerpo nos está poniendo sobre aviso. El 10º aniversario de tu muerte, es una fecha importante, una década que pasa, otra fase de crecimiento emocional. Estos 10 primeros años han sido de duelo, iniciaciones, y reconstrucción. Muy intensos. Ahora toca transcender aún más tu partida, porque quiero llegar a aceptar el ciclo de la vida y la muerte con verdadera alegría, como lo hacen los monjes tibetanos ("Libro Tibetano de los muertos", Sogyal Rimpoche). Me queda mucho que aprender, pero no pienso desperdiciar ni un momento para poder alcanzar esa paz interna que dan la sabiduria y el conocimiento.


Estoy decidida a pasar estas fechas con la máxima alegría, mamá, te lo mereces, y nos lo merecemos todos. Voy a brindar contigo por los nuevos proyectos, por las nuevas vidas que ojalá lleguen a nosotros, por el futuro, por la felicidad, y por las ganas de vivir. Por compartir todos los que estamos, y que han llegado nuevos, el amor. Por mantener tu recuerdo con una sonrisa para toda la eternidad.


Brindo por ti, Mamá, y tu desde ahí arriba, no dejes de armar una buena fiesta con los tuyos, ni pares de bailar esas danza de salón que tanto te gustan…eso sí, sin regañarles cuando se equivoquen de paso. Brindo porque tras la tormenta, siempre llega la calma, y brindo porque cada año, yo pueda seguir brindando con la misma fuerza con la que lo hago hoy.