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Experiencia del parto (con diabetes tipo 1)...¡Cumpleaños feliz!

Fecha: 28-2-2013 / 20:47

Hoy, querida niña, es tu cumpleaños. Naciste hace 4 años, de cesárea, con sufrimiento fetal. Naciste tras una dura noche de espera, y luego con algunos nervios y prisas de los médicos ginecólogos y cirujanas, en ese hospital de Madrid llamado La Paz. Tu papá y yo te estábamos esperando con mucha alegría, y si, un poco "cagados de miedo" por la última hora. Venías prematura, 36 semanas y 5 días. Sorprendentemente, yo tenía contracciones fuertes que no notaba. Estaba rota por dentro (9 costillas y dos vertebras), y los dolores físicos de los huesos tapaban en el de las contracciones. No importaba. Estábamos las dos rodeadas de ángeles. Curiosamente, nuestras cirujanas, 3 en total, las que nos ayudaron las dos a salir a la vida, se llamaban todas como tu abuela, mi madre, que está en el cielo: Pilar. Teníamos 4 Pilares rodeándonos y cuidándonos, dándonos lo mejor de sí mismas, ciencia, y ánimo.


Pasé mucho miedo horas antes de que tu nacieras. El pánico de los dolores tan fuertes de las contracciones, y la escasa dilatación,  me hizo vomitar. La bomba de insulina también dio fallos técnicos...hija, ¡todo a última hora!. Yo quería que tu salieras, y tenía miedo de que mis vómitos complicaran el parto. Pero todo fue bien. A pesar del miedo, reaccioné con sangre fría, la misma que tuve cuando tuvimos tu papá y yo ese choque frontal con el coche que me rompió tantos huesos. Respiré muy muy lentamente en el accidente, y así respiraba al entrar en quirófano. Con la epidural, me relajé muchísimo. Las cirujanas me rodeaban, me acariciaban, me tranquilizaban. -“¿De qué lado notas la anestesia Marta?”... “Muy bien, colocadla hacia la hacia la izquierda!"-, ordenaban con soltura…-.”Marta, practicamos la incisión cariño, tranquila, todo va a salir bien!”-...Se me saltaban las lágrimas de alegría y emoción… -”Pilar -indicaba otra cirujana-, rompe la bolsa” ...“Marta ¿estás bien?-”.. .-“Sí, estoy muy tranquila”-…-”Pilar, mete la mano, saca a la niña”… “Marta, ¿Cómo vas a llamar al bebé?”- - “Ginebra, como la Reina de Camelot”-...- “¡Ginebra! ¡Qué nombre tan bonito!”.. “Marta, vamos a sacarte a Ginebra, todo está yendo estupendamente, tranquila”…- Las lágrimas de felicidad seguían resbalando incontrolables por las mejillas… Sentía a mi lado la presencia de mi madre, muy fuertemente…-.”¡mira la niña Marta!”-… Una de las cirujanas la sacó por encima de la tela verde que hacía la frontera entre mi pecho el resto del cuerpo… allí estaba, mi ratita preciosa, con los ojos abiertos….¡mira qué guapa!”....fué un visto y no visto….le tenían que hacer el test de Apgar, y repetirlo a los 5 minutos… El quirófano parecía una feria, un trajín entre médicos, enfermeras….- “La niña está perfecta Marta, ¡está todo bien!”-...


No te puedo describir la felicidad y el agradecimiento que sentí por todas las personas que me rodeaban….- “Marta, cosemos. Te vamos a dejar una cicatriz muy pequeñita, no se te va a ver ni con bikini!”-... Yo flotaba en una nube. Tenía a mi lado la hoja con la pauta de insulina que me había prescrito mi endocrina….¡otra Pilar!... Mi bella y querida Pilar, quien me ayudó a preparar mi embarazo con diabetes tipo 1 (estoy rodeada de Pilares). Me cambié la pauta, estaba en perfecto estado de consciencia. En cuanto soltamos al bebé, bajón de hormonas, así que hay bajar la pauta de insulina…


Todo bajo control. Ginebra, perfecta. Yo, perfecta. tu Papá, emocionadísimo…. Me sacaron del quirófano en camilla, papá me esperaba emocionado en la puerta. No le habían dejado pasar. Nuestras miradas se cruzaron, llenas de felicidad. Se inclinó para besarme….le dije:.”Cariño, ¿has visto a la niña?”-... -“Si ¡es preciosa!”-…
Me bajaron a la sala de reanimación… Cerré los ojos. Seguí llorando, de agradecimiento, de nervios, de descontrol, de alegría, de pena, lloré por todo y por nada, lloré porque era la útlima vez que lloraba como una niña....Ahora me había convertido en tu madre.


Y ahora estamos todos, soplando las velas contigo. Con alegría, nervios, regalos, con tu mirada repleta de inocencia y picardia.
No puedo evitar recordar con emoción cada minuto de ese día 27 de febrero, desde que ingresé en el hospital, a las 08.00h de la mañana, hasta que naciste, el 28, a las 09:54h. Lo recuerdo casi en cada momento, cada vez que te miro. Lo recuerdo en cada revisión de la diabetes. Lo recuerdo ahora, que soplas tus velitas. Lo recuerdo siempre. Y ahora lo comparto contigo, como la experiencia más bella de mi vida. A pesar del estrés. A pesar del miedo. Traer un hijo al mundo es una experiencia que solo las mujeres tenemos el gran privilegio de experimentar, y por ello debemos estar profundamente agradecidas a la madre naturaleza. Algún día, Ginebra, lo sentirás tu también.