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Ángela. El Reencuentro con la Amiga y Maestra.

Fecha: 1-10-2013 / 14:12

Esta es la historia de un reencuentro: el mío con la persona que me sacó de la miseria cuando murió mi queridísima madre, que me involucró en el crecimiento personal, y que me enseñó a contactar con los planos multidimensionales.


Mi maestra de vida, de las emociones, del inconsciente, de las dimensiones no vistas, y sobre todo, de la amistad, fue Ángela. Un par de meses antes de morir mi madre, mis amigos me invitaron un día a una fiesta a una terraza, un sitio de copas. Yo no tenía mucho ánimo, estaba literalmente hecha polvo, agotada, y muerta de miedo. Pero me dejé convencer, “¿Por qué no?”...un poco de distracción no me venía mal, y sobre todo, también quería agradecer a mis amigos sus ganas de verme. Había otro argumento que me impulsó a salir: me hablaban tanto de Ángela, la bruja, la maga, me habían contado tantas cosas de ella, que me moría de curiosidad de conocer a esta persona tan especial. Me la habían descrito perfectamente, y narrado multitud de anécdotas en torno suyo. Esa noche, Ángela, que no acostumbraba a salir tampoco, se había animado a tomar una copita…


Llegué la primera. Pasaron unos minutos, y me fijé en una persona que me llamó poderosamente la atención: era muy rubia, media melena, llevaba un abrigo largo de cuero negro, estilo Matrix, y a medida que se acercaba, me fijé en sus ojos verdes, unos ojos muy llamativos. Pegué un respingo y me fui directa a ella: “¿eres Ángela?” “Si”, me contestó entre sorprendida y asustada por mi brusquedad…”¿Cómo lo sabes?”… “Me han hablado tanto de ti, que me moría de ganas de conocerte”… Imaginaos que os asaltan así, de repente. Ángela flipaba en colores...


Todo lo que me contaron de ella, se quedaba corto. Aquélla noche se produjo una magia especial entre nosotras. Nos reímos como locas, y a partir de ese momento, durante año y medio, vivimos una estrechísima amistad. Además, como no existen las casualidades, resulta que éramos vecinas de barrio… tan solo nos separaban un par de manzanas.


Ángela me abrió las puertas de su corazón, de su casa, de su familia, y del profundo conocimiento que tenía sobre las emociones, del inconsciente, y de las dimensiones transpersonales. Fue una persona clave que me dio las llaves de mi transformación emocional. La magia que había entre nosotras, era indescriptible. No tengo palabras, y me emociona mucho hablar de ella. Me acompañó en los momentos más terribles de mi existencia: la muerte y el duelo por mi madre, etapa de la que todavía hoy, me resiento a veces. Tenía todos los paradigmas de mi existencia hechos mierda, literalmente. Ella me ayudó a reconstruirme, e hizo el esqueleto de lo que soy ahora.


Luego, la vida nos pidió que cada una creciéramos por nuestro lado. Las broncas más absurdas son las más reveladoras, y las más necesarias. Unas desavenencias profundas, a mi modo ver, me alejaron de ella.


Han pasado diez años, durante los cuales no he dejado de honrarla ni un solo día; de acordarme de ella llena de gratitud, de nostalgia, y de amor profundo. Durante este tiempo siempre me he preguntado que como estaría, que qué haría, y lo confieso, si ella se acordaría de mi con el cariño con el que yo lo hacía de ella.


Todos los días me he dicho a mí misma que algún día, nos reencontraríamos, pero lo cierto es que cuando una relación se rompe, hay mucho que aprender de uno mismo, de los apegos, de los errores, y hay mucho que vivir y construir en otras áreas de la vida, y ese camino lo tenemos que hacer solos. Para eso sirven las separaciones.


Hacía un mes que la idea de telefonearla me asaltaba en momentos insospechados, haciendo que mi corazón se acelerara con mucha intensidad. Era algo un poco inexplicable, porque nunca antes me había pasado esto. Incluso se me producía un poco de angustia en la garganta. ”El cuerpo grita lo que la mente calla”, lo digo siempre, y esas señales han sido contundentes para mí. Lo hablé con mi marido, quien me dio los últimos ánimos (un poco socarrones, eso sí), y el lunes pasado, la llamé por teléfono. Lo sorprendente es que estaba más tranquila que nunca.


Me llevé un “sí me gustaría verte, si quiero hablar contigo”… Y quedamos un par de días después. Nunca me he sentido mejor. No me han dado palpitaciones, ni he sentido sudores fríos. Ninguna escandalera emocional. Solo las ganas de abrazarla, y de contarle cosas. Hace diez años, yo era una persona muy distinta. Quería escuchar con los oídos de ahora.


Cuando me abrió la puerta de su casa, y la vi, confieso que me tranquilicé mucho: estaba igual de guapa que siempre. Me daba miedo encontrármela de otra manera…infantilidades. Pero diez años, son diez años, no hay que menospreciarlo. Nos dimos un abrazo de los que se sienten con todos los sentidos. Mientras hablábamos, me recorría una sensación multidimensional: la del pasado, la del presente, y la del futuro, sucediendo a la vez. Y la magia, el magnetismo tan potente que nos transmitíamos ambas, seguía siendo el mismo.


A su pregunta final: “¿Qué quieres, Marta?”, le contesté que abrir un nuevo espacio de proximidad. Me ha dicho que todavía no es su momento. Su corazón, le dicta una cosa, su mente, otra. Ella me expresó su miedo a volver a sufrir una ruptura, porque la nuestra, fue la más dura de su vida, según me contó. Esto me ha halagado mucho, porque nunca hubiera sospechado que yo hubiera significado tanto para ella. Ella quiere dejar las cosas tal y como están, pero con la reconciliación hecha.


Si algo he aprendido, , queridísima Ángela, es que el tiempo es muy sabio, y todo lo pone en su sitio. Me quedo con tu “hasta pronto”, (espero que no sea dentro de otros diez años), y con la ilusión y la fe en que sucederá cuando las dos por fin podamos abrir sin reservas nuestros corazones. Yo el mío, lo tengo abierto ya, tanto que lejos de entristecerme tu respuesta, me he sentido feliz porque siento, Ángela, que esto es un nuevo comienzo para nosotras. El formato, no lo sé, ni pretendo conocerlo. Solo voy a seguir fluyendo, y confiando en que, pase lo que lo que pase a partir de ahora, será lo mejor para ambas.