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Críticas.

Fecha: 28-12-2013 / 22:05

Escribir sobre las experiencias personales propias, sobre emociones, sentimientos, creencias, es hacerse mucho más próximo y veraz, lo cual es mi objetivo principal, pero también es exponerse sin reservas a críticas, siempre bienvenidas, y a tergiversaciones y manipulaciones por parte de personas, que o bien persiguen deliberadamente hacer daño y atentar contra el honor, o bien se sienten amenazados por lo dicho o escrito por mí, porque al leerme, no se esperan que en su inconsciente, algo se remueva como una ostra al echarle limón, y pique.


Los primeros, los que buscan hacer daño, son los menos. En cualquier frase encuentran un motivo para acusarme de falta de respeto hacia mis seres más queridos (obviamente, porque escribo sobre mi relación con ellos),o falta de respeto al raciocinio, amparándose, tan solo, en lo que ellos interpretan de mis palabras. Estas personas en realidad, me suscitan una tremenda sorpresa, por su nivel de incompetencia emocional. Al decir esto, yo mismo me regaño, porque no soy ni más, ni menos que ellos, pero me permito el hecho de poder reaccionar así, al constatar que se molestan en leerme solo para escupir un veneno que solo les enferma a ellos. Encienden su pipa del odio con el tabaco del rencor y de sus propias carencias personales no resueltas. Esas personas por supuesto desconocen un principio básico de psicología, que los chamanes resumen de la siguiente manera: “Cuidado con lo que le das al Universo, porque te será devuelto”. De manera mucho más coloquial: “A todo cerdo le llega su San Martin”. En fin.


Luego está el público que más me estimula, el que me saca toda la picardía y socarronería, el que me lee para argumentar que no estoy en mis cabales (los suyos, obviamente, les parecen mucho más fiables y respetables: no les obligan a plantearse nada que pueda enfrentarlos ni confrontarlos con ellos mismos). Esas personas son las que conocen todos mis escritos muy precisamente, son mis más fieles seguidoras, y los utilizan para señalar mi falta de cordura, indignándose profundamente con los que puedan pensar como yo.


Su manera de reaccionar me revela que todo lo que leen sobre la emoción y sus implicaciones (cosas que por otra parte, no me he inventado yo; solo transcribo a mi manera y pongo ejemplos de lo que otros grandes, como Bert Hellinger, han desarrollado) les llega, porque les enfurece. ¿Qué razón hay para que alguien que me tacha de loca me siga?. ¿No tienen otro sitio mejor donde invertir su tiempo?... Me leen porque algo se les remueve, les llega al corazón, y a la mente, y necesitan rebatirlo para no sentirse en peligro. Es una relación de dolor y placer, el dolor de sentir, y el placer de atacar. Es una relación puramente masoquista, precisamente, de las más adictivas.


Es realmente importante para mí, abrir espacios de comunicación entre mis lectores y yo, cualquiera que sea su naturaleza. Ese es mi único propósito, y veo que voy por el buen camino, ya se sabe aquello de “ladran, luego cabalgamos”. Espero tener ingenio suficiente para que mi jamelgo me lleve muy lejos, sin prisa, pero sin pausa. Lo importante, siempre es el camino.