Logo Pitia

Constelaciones Sistémicas
Coaching en Diabetes
Reiki
Tarot







Ser madre ausente: mi caso personal.

Fecha: 8-9-2014 / 18:40

En mi artículo “Madres Ausentes” describo la dinámica de las mujeres que, en algunos casos, a pesar de sentir que están entregadas a sus hijos, emocionalmente, no están disponibles.

Para mi gran sorpresa, yo descubrí hace apenas un mes que yo era una gran madre ausente. Me parecía mentira este descubrimiento, por varios motivos: el primero, porque adoro a mi hija y todos mis esfuerzos van dedicados a su bienestar, en segundo lugar, porque precisamente, soy consteladora y conozco los efectos devastadores de esta dinámica que me preocupa especialmente. En tercer lugar, porque en mi ego desmesurado, me tenía por mucho más espabilada de lo que soy.

Había varios hechos que no me pasaban del todo desapercibidos: desde hacía unos meses, el juego favorito de mi hija Ginebra era jugar a que era un monito y se pasaba horas saltando sobre la cama matrimonial. Al principio me pareció natural, porque su canción favorita habla de cinco monitos que saltan en la cama y se van cayendo de ella uno a uno, pero luego comencé a inquietarme un poco, porque empezó a ser obsesivo. Saltaba y saltaba sin descanso, casi con furia, diría yo.

Otro hecho que me llamaba particularmente la atención es que desde hacía meses, me llegaban muchos casos a la consulta de abuso sexual, cuya dinámica principal es la ausencia de la madre, y otros casos de madres  muy perdidas en sus emociones de infancia, lo cual obviamente, me hizo pensar que si me llegaban tanta casuística de madre ausente, algo me tenía que resonar a mi… (ya se sabe el dicho: “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…pon las tuyas a remojar”).

Por último, era totalmente consciente de que llevaba mucho estrés acumulado desde hace un par de años, por la gran incertidumbre de proyectos que podían comprometer seriamente el futuro de mi familia, y que me han provocado una angustia existencial, muy cercana a la que sentí diez años atrás, cuando la vida de mi madre pendía de un hilo, que al final se rompió...

Si, tenía muchas pistas, pero nunca imaginé que lo que se me venía encima…

De manera absolutamente casual, se presentó la ocasión de hacer un proceso en estado alterado de consciencia, con unos chamanes de Latino América. Pensaba recurrir a las constelaciones familiares con algún colega, para ver lo de Ginebra, pero no fueron las constelaciones, en esta ocasión, las que me ayudaron a resolver, sino las plantas sagradas.

Ante mí se desplegaron con total nitidez mi estrés, mi angustia, mi falta de disponibilidad no solo hacia mi hija, que vaciaba su frustración saltando y saltando como una posesa encima de la cama, que incluso creo que era su manera de “pegarme”, sino a mi marido, mi compañero de vida. Vi cómo me devoraban estas emociones, dejándome sin fuerzas, agotada, e impotente. Vomité sin parar durante horas, la incertidumbre, el miedo, la tristeza, mi impotencia, mi dolor al ver la soledad de mi marido y de mi hija, y mi propia desazón. Lo cierto es que también comprendí que a veces la vida no te deja muchas opciones, y que no lo había hecho del todo mal.

No tengo palabras para describir lo sanador de este proceso de crecimiento personal.

Estoy todavía conmocionada y en shock de mi descubrimiento, y de mi recolocación también, como madre, y como pareja de mi marido. Siento que aún me va a llevar una temporada larga asimilar todas las implicaciones que han conllevado tanto mi ausencia, como mi regreso.

Mi hija ya no salta en la cama. Estoy con ella sin prisas, ni agobios. A mi marido le redescubro… Me doy cuenta de lo fundamental que es para mi vida. Tengo mucho que aprender de él, de su sabiduría, de su templanza, de su paciencia, de su experiencia, y de su amor. Gracias cariño, por todo lo que me das, y por esperarme cuando no estoy.