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Conflicto de intereses. El caso del niño Alfie Evans.

Fecha: 26-4-2018 / 10:49

  A todos nos conmueve la historia de Alfie, el bebé británico que está luchando desesperadamente por su vida, y que a pesar de todo pronóstico, está sobreviviendo a la falta de respiración asistida.

Existe una lucha soterrada entre el criterio clínico, supongo que avalado por alguna Comisión Ética formada por profesionales del hospital de la criatura, la Justicia, los intereses de sus padres, y por supuesto, los intereses del bebé, los suyos propios, los de su alma, no los que le presuponemos o imaginamos.

Y está claro, que hoy por hoy, los intereses de este niño están en la supervivencia, en la de respirar. La justicia, y los criterios clínicos, están en conflicto directamente con un tema que está más allá del dominio de la conciencia humana. Nunca se toma en cuenta la dimensión metafísica, y ésta juega un papel importante en la vida de cualquier ser humano.

Cuando unos médicos se arrogan el derecho a decidir si un ser humano tiene derecho a vivir, pasando por alto el sentimiento, el dolor, el sufrimiento de unos padres que están desesperados por la condena a muerte de su hijo; cuando unos médicos se arrogan el derecho, de suponer que Alfie (así se llama este ángel), estará mejor en el reino metafísico, no en el plano físico, entonces se colocan en el difícil papel de perpetradores, justicieros, y asesinos.

No existe un diálogo tripartito entre sector clínico, justicia, y padres. No existe una empatía, un discurso, un debate, al menos, entre médicos y padres. No sé si el hospital ha facilitado a los progenitores un apoyo psicológico, para soportar el trauma espantoso que les va a marcar el resto de sus vidas, y que en el supuesto caso de que volvieran a ser padres, afectará a sus descendientes, y a los descendientes de sus descendientes.

Con cada respiro de Alfie, hay otra respiración contenida de sus padres, esperando el siguiente soplo de su hijo. No se atreverán ni a dormiun rato, por si Alfie deja de estar. Se les tiene que romper el alma al pensar que este bebé ya ha sido condenado.

Una foto publicada en un medio de la madre con él en brazos, me ha traído a la memoria otra foto que he visto recientemente en la exposición sobre Auschwitz  que se expone hasta el 17 de junio en el Canal de Isabel II de Madrid. En esta foto, una madre polaca, sentada sobre una piedra, sostenía a su bebé, de la edad de Alfie, durmiendo entre sus brazos, junto con su otro pequeño, de unos 4 años, de pie junto a ella.

La mirada de la madre era de amor infinito, de extenuación, y de angustia. Según reza la leyenda que acompaña la foto, esta madre y sus hijos fueron fusilados en el bosque de al lado. ¿Misma foto, distinto contexto?...

Salí de la exposición absolutamente conmocionada. Conozco bien la historia nazi, me llama la atención desde que tenía 9 años, pero no había reparado tanto en el sufrimiento tan atroz de las madres, ante el espantoso sufrimiento que le estaba reservado a sus hijos. A ellas también, pero estoy segura de que pensaban más en sus hijos que en ellas mismas. Esta madres murieron dos veces, antes de que les metieran un tiro, o murieran gaseadas. Habían muerto antes al ver a sus niños condenados a un destino espantoso.

Viendo ambas fotos, veo la misma foto, no sé por qué.  Los padres de Alfie se están muriendo en vida, están muriendo porque están aterrados ante la falta de sensibilidad del equipo médico, y de la justicia, aunque la justicia no debe ser sensible, si no justa. Están esperando el tren de la muerte, ese que llevaba a miles de seres indefensos hacia los campos de exterminio. Están aterrados ante la (posible) muerte de su hijo, esperando con desasosiego la siguiente gota de aire que expulsa el niño. Estos dos adultos jamás volverán a ser los mismos, ya tienen la vida rota. ¿No valoran esto los médicos? Lo pregunto, porque los tabloides no lo mencionan. ¿No ven que van a tener a personas traumatizadas, que posiblemente arrastren secuelas emocionales irreparables  para el resto de sus vidas? Van a perder a dos seres humanos más. Y ya son tres miembros de una misma familia. Están en el tren de la muerte, como esos tan espantosos de los que no queremos acordarnos, que cargaban con personas que no querían morir.

¿Cuál es la dinámica inconsciente que está operando en esta circunstancia? ¿Cuáles son los intereses reales, que están en juego, y no los que podemos percibir? ¿Qué está pasando de verdad? Necesitamos otras varas de medir la conducta y los intereses humanos, las que tenemos, a todas luces, se nos quedan cortas.

En cualquier caso, quiero aprovechar mi humilde página para enviar todo mi amor y ánimo a esta familia, cuyo sufrimiento no quiero imaginar, porque lo que sospecho hace que me duela el pecho de manera angustiosa. Miro con admiración a ese precioso bebé, que está demostrando no tener la menor intención de marcharse, de momento, y que nos pide a gritos que tengamos la humildad de revisarnos nuestra tan manoseada supuesta moralidad y conveniencia. Y espero, como esos padres, que ocurra un milagro.

 Os guardo en mi corazón a los tres.