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Actitud de meditación y concentración ante una situación de conflicto. Crecimiento personal.




ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA RABIA. 1ª PARTE.

Fecha: 23-4-2013
Categoría: Crecimiento personal

Uno de los sentimientos que más trastorna, y a la vez, que más fuerza da en la vida, es la rabia. La rabia bien encauzada, permite sacar fuerzas de donde no las hay, actúa como un chute de energía que puede salvarnos la vida. Proporciona coraje, autoestima y valor para afrontar situaciones extremas. La rabia quita el miedo a morir. La rabia hace que el corazón se acelere y bombee más rápido la sangre en el cuerpo, conectando directamente con el instinto, con nuestros recursos animales internos más salvajes. Nuestra rabia puede llegar a atemorizar severamente a quien tenemos enfrente, dándonos de inmediato el poder y el control de la situación.

Pero la rabia, a su vez, nos debilita profundamente, porque el estado de sobreexcitación que nos genera a nivel corporal y emocional, tiene un coste muy alto. La rabia nos hace perder muchas veces el control de la situación, por ser demasiado obsesiva. Perdemos la perspectiva y la objetividad en el análisis de las circunstancias que nos afectan y que queremos solucionar, y como muy bien enuncia Sun Tzu, en su maravilloso libro, “El arte de la Guerra”, la rabia nos posiciona en inferioridad de condiciones mentales, con lo cual, cualquier decisión que se tome desde el furor o la exaltación sin control de esa emoción, nos puede llevar a un gran fracaso, y a un pozo de frustración. El arte de la guerra consiste en no hacer la guerra. El arte de la guerra empieza por aplacar la ira interna que nos produce la humillación que recibimos de nuestro “enemigo”, de sus provocaciones. Si entramos en la provocación, ya le hemos señalado nuestro flanco débil, nuestro talón de Aquiles, hemos perdido la batalla, porque hemos perdido la serenidad, la objetividad, y somos más propensos a cometer temeridades, y a caer en errores insalvables.

La rabia solo se puede aplacar con infinita humildad, con el reconocimiento de nuestras debilidades, y de nuestras heridas. Cuando somos capaces de reconocer que no somos lo fuertes, que deseamos o creemos ser; cuando reconocemos el miedo a que nos hagan daño, entonces podemos trabajar esos miedos y las emociones que los provocan, sanarlas, y mirar a ese enemigo imbatible, y al miedo a la impotencia, desde otra perspectiva. Con la rabia hacemos tonterías que pueden tener consecuencias muy graves. Recuperando la autoestima, se recupera también la serenidad, el aplomo, y la inteligencia emocional. Desde la inteligencia emocional es donde se pueden detectar las inseguridades del enemigo (o de la situación).

La rabia y la desesperación, son sentimientos que me han acompañado muchísimas veces. Me han salvado de muchos envites, pero me han dejado exhausta. Ahora, cuando la detecto, no hago ningún movimiento estratégico, solo me centro en las emociones que me provocan dolor e impotencia, dejándolas fluir, observándolas. Sé que si permanezco así permito desacelerarme y puedo empezar a ver como son las cosas para afrontarlas de otra manera. Las artes marciales, como el Judo por ejemplo, reflejan de manera excelente esta filosofía: observación, concentración, y aprovechamiento de la energía del contrario a tu favor.



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