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Mujer castigadora con apariencia de santa.




Mujeres maltratadas, mujeres castigadoras

Fecha: 24-8-2013
Categoría: Crecimiento personal

La mujer castigadora es un perfil de mujer que se oculta bajo una apariencia de mujer entregada, a su pareja, a sus hijos, a sus padres, a su familia, a sus amigos, a su trabajo. Una mujer de valores intachables, justos, igualitarios, romántica. Una mujer que lo da todo por los demás, que sufre por los demás, una mujer honesta que no entiende por qué el entorno no le devuelve la misma comprensión, solidaridad, buena disposición, cariño, y trato.

La mujer castigadora, ES LA QUE LO DA TODO. Y la que siente que recibe poca cosa.

TODO SUFRIMIENTO ORIGINA RABIA Y DESEOS DE VENGANZA, QUE DE MANERA MÁS ELOCUENTE O MÁS SUTIL, SE EJECUTA, porque hay una necesidad de compensación al dolor inmediata. Lo que ocurre, es que nadie es consciente de sus propias acciones: la tendencia es juzgar al otro, y pensar que uno aguanta todos los golpes. Esto es una visión absolutamente carente de sentido común, es un no querer hacerse responsable del verdugo que llevamos dentro. Todavía no me he encontrado con nadie que reciba una agresión, y se quede como si nada. Ni frío ni calor, ni pena ni gloria. Nada.

¿Cuántas de vosotras criticáis a vuestras parejas sin piedad? ¿Cuántas de vosotras habláis con desconfianza y desprecio de vuestras familias políticas? ¿Cuántas habéis pensado que os merecíais a personas mejores a vuestro lado? TODAS. Sin excepción. Y yo no me salvo tampoco.

Al criticar a vuestras parejas ante vuestras amigas, a vuestras familias, lo primero, le estáis faltando al respeto al padre o madre de vuestros hijos, y energéticamente, los estáis debilitando, porque estáis diciéndoles a vuestros vástagos que ese padre o esa madre no es digno, y que la familia de la que proceden, es mala. Y también se lo hacéis sentir a vuestro entorno. Sí, os ganaréis la simpatía de todos. Sí, vuestras amigas os apoyarán sin reservas con vuestros argumentos….¡qué cabrón es tu marido!... ¡Qué cabrón es tu amante, que no deja a su mujer por ti, que te promete y promete, y tu sufres sin parar!....¡qué pérfida tu suegra, que te desprecia! ¡Qué cerdo tu jefe, que te hace trabajar más horas de lo estipulado!... Y vuestro, nuestro, ego, engordarán como un globo hinchable…si, pobrecitas de nosotras….

¿De verdad te crees que tu no te vengas de alguna manera de todo esto? ¿De verdad te ves a ti misma con una conducta impoluta?...


Tu chantajeas emocionalmente, desacreditas verbalmente, desprecias físicamente, insultas, pones cuernos, excluyes,  llegas sistemáticamente tarde a tus obligaciones, eres indolente, y lo peor de todo, TE JUSTIFICAS. “Se lo merecen”.  A cada golpe que recibes, disparas. No hay peor perpetrador que una víctima con argumentos (Ver artículo "Víctima, perpetrador y salvador".). Porque solo los iluminados permanecen impasibles…..Disculpa, tal vez seas una iluminada, y no te he visto….

Te recomiendo vivamente que no empatices con la sintonía “qué pobrecita soy” ni para ti misma, ni para las mujeres de tu entorno, porque te pones en “modo castigo”.  El sufrimiento origina rencor, y él te da la medida de la metralleta que disparas, y la potencia que tiene. Y ya sabes, quien se queda en una relación, es que algo recibe. (Ver artículo "Intercambio en equilibrio".).

Muchos maridos, jefes, hermanos, padres, se morirían de dolor de ver como les tratan esas mujeres castigadoras, inocentes, sufridoras. En mi propio círculo de amistades no dejo de señalar estas actitudes entre las mujeres. Lo señalo, y no lo permito. No puedo hacer más, porque ni a los amigos, ni a la familia, se les hace terapia.

La inmensa mayoría de las mujeres pierde el respeto a sus compañer@s de manera sistemática en cuanto ven frustradas sus expectativas. Mi madre lo hacía a diario con mi padre: “como es tu padre, no sabe hacer esto, se ha olvidado de lo otro, si yo no estuviera, ¿qué iba a hacer él?...” Cuanta vanidad… Pues en cuanto ella murió, encontró a una mujer, pero esta vez, que le respetara su esencia y su manera de ser. Personalmente, si tengo algún reproche que hacerle a mi pareja, primero, miro a ver qué parte es mía, incluso en terapia, que es donde mejor se ven las cosas, desde fuera. Miro qué parte no estoy respetando de esa persona. Y miro qué heridas me quedan que sanar. Y luego, por supuesto, una vez hecho este trabajo, hablo con ella. Porque esto es lo que le voy a enseñar a mi hija, y todo el patrimonio que le puedo dar: mi profundo respeto hacia su padre, mi profundo respeto por ella, mi profundo respeto por el sistema familiar de su padre, y mi profundo respeto por las relaciones humanas. Si yo no respeto, ella no aprenderá a respetar. Si yo castigo, ella aprenderá a castigar.
 



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Comentarios realizados a este artículo: 1


De: Melodica Fecha: 01-05-2014

Maravilloso artículo. Es un viaje al pasado, dónde empezó todo lo que más nos ha marcado. Sin duda las heridas existieron, existen y existirán, sin embargo, me he dado cuenta que no existe medicina alguna para el olvido, excepto el perdón y la aceptación, claves para pasar página y seguir adelante sin lastre. Un placer descubrirte a través de una amiga tuya.