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Una pareja que se mira, separada por el muro del deseo de tener hijos.




RENUNCIAR A LOS HIJOS A PETICIÓN DE TU PAREJA. LA AYUDA TERAPÉUTICA Y LAS CONSTELACIONES FAMILIARES.

Fecha: 4-10-2013
Categoría: Constelaciones Sistémicas

Los hijos son un tema clave en el inicio de una relación de pareja. Cuando este tema no se puede hablar, o tratar en libertad, el conflicto está servido, solo es cuestión de tiempo que tenga efectos mayores. Por eso si eliges a alguien que tenga una resistencia con este tema, te aconsejo que, antes de intentar cualquier estrategia de convencer al contrario, descubras qué partes de ti han determinado la elección de tu pareja, y te invito a que explores con la ayuda de un terapeuta y las constelaciones familiares como llegar a tomar una decisión, la que sea, que no suponga un coste emocional para ti. Las constelaciones familiares pueden ser una herramienta muy útil, para detectar si existe algún enredo sistémico, alguna lealtad inconsciente, o cualquier otra circunstancia que esté bloqueando tu objetivo de maternidad/paternidad.


Últimamente, son muchas las mujeres que me encuentro que se enfrentan a un dilema importante en su vida: sus parejas son perfectas, pero no contemplan tener hijos de ninguna manera (esto también es aplicable a los hombres), porque o ya los tienen de parejas anteriores, o simplemente, no los desean. Esto es un tema muy frustrante, porque empieza la lucha interna, y varios duelos: el duelo por la pareja, el duelo a la maternidad/paternidad, y en el caso de las mujeres, sobre todo a cierta edad, un duelo con su propio cuerpo, con su capacidad de crear, con la fecundidad, con la afectividad. Porque han de elegir una de las dos cosas: o el amor, o los hijos. La elección de pareja, nunca es debida a un azar (ver artículo “Vinculación emocional en la pareja”), y la de tener hijos, tampoco (ver artículo: “Vinculación emocional en la pareja: los hijos”).


Lo primero que hay que plantearse es qué emoción inconsciente nos ha llevado a ligarnos con una persona no disponible para tener hijos. Esto obviamente, necesita resolverse con una ayuda terapéutica, porque está ligado a nuestras vivencias familiares, a nuestras experiencias afectivas, a nuestros traumas, y a nuestra relación con nuestros propios padres. Y a muchos duelos.


Iniciar un proceso de intentar ver quien cede, es muchas veces, alargar la crónica de una muerte anunciada, porque el foco final son los hijos, pero los temas emocionales subyacentes, tienen el tamaño de un iceberg, no son visibles, y esos no se resuelven si no es con terapia profunda, como he dicho antes. Esto no es un tira y un afloja, un “quiero” o “no quiero”, no es un capricho de uno u otro. El no querer o poder comprometerse a tener un hijo es un tema de impotencia real, no de capricho, ni tampoco es cuestión de egoísmo.


En la gran mayoría de los casos que conozco, esta situación ha desembocado en la ruptura de pareja. Los hijos son el vínculo más potente y eterno, y el no desear o poder, fortalecerlo, genera grietas, dudas, sentimientos de incomprensión, incluso de abuso emocional, y trauma. Así que de alguna manera, se empieza a producir un alejamiento, en algunos casos, más silente que otros, que puede manifestarse, por ejemplo, en infidelidades, como castigo o como búsqueda del padre (o madre) de nuestros hijos. Otras maneras de dar la cara son las enfermedades: cánceres de ovarios, de útero, depresiones, etc…


En mi caso particular, hasta los treinta y tres años, no conecté con mi deseo de maternidad, más bien, éste era un tema que tenía muy interiorizado: nada de niños en mi vida. Lo tenía claro desde que tenía uso de consciencia. Fue un tema que le planteé a mi primer marido casi desde el principio de nuestra relación. No hubo ningún problema, porque él pensaba lo mismo que yo acerca del tema… Años más tarde, en un intenso y profundo trabajo con la madre, en estado alterado de consciencia, dirigido por mi maestra y amiga Ángela (ver diario: “Ángela. El reencuentro con la Amiga y Maestra”), descubrí de manera explosiva que no es que no quisiera tener hijos, sino que mi deseo más profundo era tenerlos, en particular, ser madre de una niña. El bloqueo a este deseo lo había generado mi sensación infantil de no llegar nunca a las expectativas de mi madre, de nunca llegar a ser suficientemente buena hija para ella. Reconocerme ante mi misma que hice todo lo posible por ser la mejor hija del mundo, y que lo fui, me desconcertó, me emocionó, y me conectó profundamente conmigo misma. Muchos años más tarde, profundicé en ello gracias a las constelaciones familiares, y descubrí que además había factores de mi historia familiar materna, decisivos también en el bloqueo, como que mis ancestras maternas habían muerto muy jóvenes dejando hijos pequeños, lo cual dejó mucho dolor en ellas cuando morían, en estos niños y niñas que quedaban huérfanos, y en las generaciones siguientes de manera transferida.


Ahora tengo a una pareja que ama a los niños, de hecho, tuvo una guardería hace años, tengo una hija que me recuerda todos los días ese gran trabajo personal hecho con la maternidad, y hoy en día, a mis 42 años, no descarto otra, si el cuerpo (tengo además 29 años de evolución en diabetes) y mis circunstancias personales me lo permiten.

 



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Comentarios realizados a este artículo: 1


De: Rbka Fecha: 31-08-2014

No se quien es, pero se de su existencia Sinceramente, me siento muy identificada con el artículo que ha publicado. Me dijeron que visitará su página y leyera sus artículos y precisamente pincho en uno, que hace que se me salten las lágrimas,solo de pensar que alguien, a quien todavía no conozco, tiene unos sentimientos,que yo misma he sentido. No se si llegará a leer mi opinión pero comparto lo que dice. Yo aún, no he conseguido tener, a esa niña que deseo. Espero en un futuro próximo poder realizar mi deseo. Gracias x compartir su,experiencia.