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Padre que mira con embelesamiento a su hija. La madre enfadada queda relegada.




TECHO DE CRISTAL. NIÑAS DE PAPA.

Fecha: 3-4-2017
Categoría: Crecimiento personal

  

Una “niña de papá” es aquélla niña que es el “ojito derecho” de su padre. El padre ha volcado en ella un afecto especial, tan especial que incluso puede llegar a desbancar en algunos terrenos al afecto de la madre.  Una “niña de papá” es una niña que se sabe especial para su padre, en comparación con el resto de sus hermanos, y de su entorno. Una “niña de papá” hará muchas cosas que hagan sonreír a su papá: monerías, satisfacer los deseos inconscientes del padre de ser muy buena alumna, tener determinados detalles, determinadas aficiones, todo para hacerse ver. La niña busca que el padre se sienta orgulloso de ella. Se convertirá en una mujer extremadamente eficiente para saber cómo se siente su padre, lo que necesita, lo que le gusta, y buscará ser la mejor para tener ese reconocimiento.

¿Qué ocurre cuando esa niña, convertida en mujer, se incorpora al mercado laboral?. Será una mujer que habrá aprendido a desarrollar una intuición especial para lo que necesita el jefe. Se anticipará a muchas de sus necesidades. Será una gran consejera, una excelente mediadora, y una brillante profesional, será una mujer con muchas destrezas, y extremadamente eficiente.  Sin embargo, a esa mujer le costará especialmente acceder a los primeros puestos de dirección, no porque no se lo ofrezcan, sino porque interiormente, se ha producido un bloqueo emocional. Las “niñas de papá”, inconscientemente han intentado ocupar un lugar privilegiado para su progenitor, arrebatándole el puesto de reina a la madre. Ha querido de alguna manera, ser más visible, y lo ha logrado.  Se ha colocado en un lugar jerárquico que le viene grande y costoso de mantener. Este descoloque, cuando está en el mundo laboral, hace que se sienta interiormente algo desequilibrada y falta de energía o resolución para poder sostener y estar al frente del máximo puesto de dirección, porque cuando un niño no percibe claramente cuáles son sus límites superiores, que siempre son los padres, arrastran este conflicto con la autoridad en la edad adulta, haciendo que se sientan inseguros cuando ellos ostentan esta máxima autoridad. Pueden sentir que el puesto les viene grande, que tienen exceso de estrés, o que ya no manejan las situaciones con la soltura y confianza de antes. Prefieren por tanto ocupar puestos de menor rango, al lado de una persona de poder, como lo hacía en la infancia con papá, donde se sienten mucho más valoradas y cómodas trabajando con excelencia (Ver artículo: Ley del Orden, la Prevalencia)

A este proceso se le llama “techo de cristal” y es un fenómeno que explica igualmente que las mujeres puedan no tener las mismas facilidades que un hombre para desempeñar un puesto de dirección. Una "niña de papá" se sentirá infinitamente más cómoda al servicio de un hombre con este puesto de dirección, que si lo tuviera ella misma. Allí podrá desarrollar al máximo sus habilidades, siendo por un lado muy reconocida por sus superiores, y por otro lado tal vez muy envidiada y criticada por sus compañeros de trabajo, pues son la "mano derecha" (ojito derecho) de los jefes, con todo lo que ello implica (Ver "Alas para un cambio", Jan Jacob Stam, Ed:Createspase Independent Publishing, 2016).

Para que una mujer pueda romper este patrón, obviamente tendrá primero que identificar que lo sigue, y reconocer el rol que ha desarrollado en su familia, de “ojito derecho de papá”. Como dice Bert Hellinger, “sin el permiso de la madre, no hay trabajo”.

Ser una niña de papá no es ni bueno ni malo, es simplemente un patrón que ha ayudado a muchas mujeres a crecer profesionalmente, y a tener muchísimas satisfacciones emocionales. Sin embargo, si observáis que no podéis ir a más profesionalmente, tal vez la causa sea este patrón. 



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