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actitud DE Ginebra ante la vida.




MADRES E HIJOS. MI CONSTELACIÓN CON BERT HELLINGER.

Fecha: 18-3-2015
Categoría: Constelaciones Sistémicas

Mi hija Ginebra acaba de cumplir 6 años. Nació con una asimetría facial leve, el resultado es que su moflete derecho está más hinchado que el izquierdo, y parece que tiene un flemón. Desde que nació, como madre me he tenido que enfrentar a mi propio miedo de que mi hija pudiera sentirse mal por ello. Siempre ha sido una niña bellísima, de hecho, era muy frecuente que me pararan por la calle para decirme lo especial y linda que era. Me conmovió significativamente que dos mujeres, en épocas muy diferentes, me pidieran dejarles ver mejor a Ginebra. Ambas eran matronas. Una del hospital La Paz, y la otra de la Maternidad de O´Donnell, en Madrid. “Señora, disculpe que la aborde así, permítame que le diga que nunca he visto un bebé tan especial y hermoso como éste…, y créame, he visto nacer a muchos...”


Ginebra ha crecido desenfadada, alegre, vital, divertida, picarona. Siempre ha sido líder de su clase, y tiene multitud de amiguitos que jamás hicieron el menor comentario sobre su mejilla. Yo, mientras tanto, he ido procesando mis miedos con respecto a su mejilla, porque en realidad, no eran los de ella, y he vivido con la confianza de que mi hija sea lo suficientemente lista y fuerte como para desenvolverse con soltura en la vida.

Hace unos días, asistí en Ávila al fantástico taller de Bert y Sophie Hellinger,  y tuve el enorme privilegio de conocerlos en persona. Explicaron que los padres, particularmente las madres, que se preocupan en exceso de sus hijos,  no confían en ellos, y no les dan la más mínima oportunidad de que puedan llevar una vida feliz, diferente a la que les estamos proyectando con nuestras exigencias y nuestros miedos. Lo que más me impactó, y estoy aún recuperándome de ello, es de lo que Bert Hellinger observa a través de múltiples constelaciones familiares: secretamente, las madres estamos deseando inconscientemente que a nuestros hijos les pase algo, de alguna manera, esperamos "que se mueran" lo cual reforzaría nuestro ego y nuestra excesiva preocupación. Sin tanta preocupación....¿qué sería de estas madres?... Tal vez no sabríamos qué hacer con nuestra vida.


Ginebra ayer, por primera vez en su vida, nos pidió a su padre y a mí que fuéramos a hablar con la profesora, porque cuatro niños de su clase, todos varones, se mofan de su mejilla. La niña jamás cuenta nada del cole, y lo damos por bueno, está feliz, y tiene derecho a tener su propia intimidad. Pero ayer habló largo y tendido, profundamente dolida y molesta. ¡Qué casualidad!, a esos niños los conozco perfectamente, ya que cuando he participado en alguna excursión escolar de acompañante de la profesora, siempre se están pegando. Son revoltosillos y buscan broncas. Casualmente, también conozco a sus padres. Son súper educados y amables. Fuera de casa.


Por supuesto que hemos ido a hablar con la profesora, que, debo confesarlo, siente un cariño muy especial por nuestra hija. Le hemos comunicado que no queremos que nuestra hija entre en la dinámica emocional de tener que vengarse y defenderse de esas agresiones infantiles, porque le fomentaríamos a nuestra vez la venganza y por tanto, la misma dinámica que sus "agresores".  Queremos que siga despreocupada, y que vea la actitud de estos niños como un hecho absurdo e intranscendente, fruto de la falta de motivación por estar en juegos comunes, en compartir las diferencias, en ser todos miembros de este enorme mundo, donde las diferencias enriquecen, y las exclusiones llevan a la muerte. Seguro que la profesora encuentra algún método pedagógico, junto con la dirección, para poder incidir en esto. Voy a confiar y proyectar en una solución incluidora, no excluidora, para todos.


Y también me voy a dejar llevar por la emoción de madre. A estas líneas anteriores que os he comentado, donde Bert Hellinger explicaba que las madres con una actitud protectora aparente, tienen una actitud muy tóxica hacia sus hijos, tuve la suerte de ser constelada por el Maestro. Yo no asimilaba este concepto, y así se lo hice saber. Me contestó lo siguiente:


“No lo entiendes APARENTEMENTE. Como madre, sólo te falta decir una frase a tu hija:" YO SOY GRANDE. Así ella no necesitará llamar tu atención de forma peligrosa para ella”.


YO SOY GRANDE GINEBRA. Y te prometo seguir aprendiendo a gestionar mis emociones para liberarte de mí y de mis toxicidades no resueltas, que puedas crecer bella, enorme, LIBRE, Y FELIZ. Tranquila hija mía, que aunque la cague, YO SOY GRANDE.

 



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