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Vida en gestacion y que va a ser interrumpida en forma de aborto provocado.




EL ABORTO PROVOCADO. DINÁMICA DEL ABORTO. I PARTE.

Fecha: 29-6-2013
Categoría: Constelaciones Sistémicas

Un aborto provocado (o interrupción del embarazo), causa siempre una profunda secuela en el alma de la mujer. En este artículo, vamos a abordar el aborto provocado en la pareja desde el punto de vista sistémico. En un aborto siempre existe un antes y un después para la mujer.


Cuando se produce un aborto, algo en la pareja muere, por eso es frecuente que tras un suceso de esta clase, la pareja necesite una recolocación, e incluso ambos necesiten separarse. La decisión última del aborto corresponde siempre a la mujer, de alguna manera, ella es la que lleva la mayor carga de responsabilidad en la interrupción de un embarazo. Influyen múltiples factores inconscientes, a parte del consciente (razones económicas, no era el momento adecuado, etc…) que lleve a la toma de este tipo de decisiones, enredos emocionales de los que todos somos presos. La dinámica más frecuente que se observa en mujeres que han abortado voluntariamente es un dolor muy profundo y una gran culpa, a pesar de su deseo de abortar. Un aborto es un hijo no nacido, un vínculo que va a durar toda la vida entre el padre y la madre. Cuando en una pareja existen hijos nacidos y no nacidos, se cuentan todos como hijos, y así debe ser porque un niño nacido después de un aborto, o entre abortos, puede tener una dinámica de vida muy particular. Cuando una mujer que ha abortado, o su ex-pareja, entran en otra relación, deben de saber que en su bagaje ambos acuden con un sistema familiar previo, el padre o la madre, y el no nacido y eso en su nueva pareja puede ocasionar conflictos que vienen de no tener en cuenta esta circunstancia. Es absolutamente necesario que se hagan conscientes de ello si quieren formar otro sistema familiar en el que exista armonía, ya que para ambos sería volver a crear otra familia, debiendo respetar a la anterior para que el amor pueda fluir sin excluidos. 


Cuando una mujer interrumpe voluntariamente su embarazo, la pareja sufre grandes cambios. El dolor y la culpa pueden generar también animadversión hacia el hombre. Al fin y al cabo, el papel de perpetradora lo asume ella, y esa es una carga muy pesada. Esta decisión pertenece a una dimensión que un hombre no puede alcanzar. El hombre tal vez lo haya apoyado, o forzado, pero en cualquier caso, el se descarga completamente del acto en sí. Al fin y al cabo, quien sufre una cicatriz en el cuerpo de por vida no es él. Y esta cicatriz corporal, energética, y emocional, siempre duele en algún momento de la vida de la mujer, pudiendo llegar a una somatización del mismo con la aparición de un trastorno mental o físico: depresión, ansiedad, etc…


Mi recomendación para todas las mujeres que han provocado un aborto, es que reconcilien este acto en su vida;
que traigan el no nacido a su memoria ya que todos tenemos derecho a pertenecer a nuestra familia, padre, madre y hermanos. Traerlo e integrarlo en su corazón con amor: “querido hijo, tu también perteneces”. El no reconocer la existencia de un hijo genera una energía en la familia que otro miembro recoge de forma por lealtad inconsciente, pudiendo generar un trastorno en la armonía familiar, por ejemplo, otro hermano o hermanastro del no nacido que pudiera desarrollar trastornos de conducta, como por ejemplo intolerancias alimenticias, depresión, que impiden tomar la vida enteramente.



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